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Aterrizando...

El primer día comienza pronto, una vez más mi actividad cerebral me traiciona y poco después de las 4AM ya estoy preparado para iniciar mi viaje. Tras ultimar unos detalles protocolarios de preparación de maleta, nos disponemos a salir de casa a las 7:30AM.

El avión y su tripulación son de gran nivel, muy alejado de lo que a uno le tienen acostumbrado en pseudo compañías como Vueling o Ryanair. En Delta tenemos buen servicio, comida especial para celíacos (avisada la compañía sólo un día antes) y una pantalla individual con música, videoclips, videojuegos e infinidad de películas. Empecé dos películas que no acabé hasta que finalmente me decanté por un clásico que no había visto: A quién ama Gilbert Grape. Impresionante Di Caprio, como es costumbre en todos y cada uno de sus personajes.

Y por fin aterrizamos. Tras una larga cola en inmigración junto a Jesús Mariñas (sí sí, el de Carmele...), y tras un "enjoy your days y felis navidat" del guardia de inmigración que se parecía a Carl Winslow, finalmente: Welcome back to the USA!

Y por fin pisamos suelo americano tras casi 8 horas de vuelo... La sensación es la de siempre, la de estar en un sitio especial en el que te sientes más integrado que en tu propio país.

La gente es amable y auténtica, es una eterna película. Tratan de mostrarse siempre felices. Te ayudan con el mapa sin preguntarles, hablan y ríen en voz alta... En España todos iríamos hundidos en nuestro móvil, nuestro libro o nuestros pensamientos. Somos más individualistas.

Tras el Air Train y el metro, de repente salimos en la calle 43, cerca de nuestro hotel en Times Square. Nos orientamos como podemos y poco a poco vamos avanzando números. Los neones se asoman progresivamente y de repente, tras una esquina, aparece uno de los espectáculos más grotescos e inigualables que podré visionar nunca: Times Square.

Millones de luces, pantallas eternas, cámaras que te convierten en protagonista de una película inesperada, miles de focos, ríos de gente, tiendas por doquier, coches, ruído, teatro, publicidad, sueños al alcance de la mano... Todo ésto y mucho más es Times Square. Un sitio retratado en cientos de películas y probablemente el centro neurálgico más imponente del mundo.

Tras un breve shock llegamos al hotel, que está junto a la mítica plaza. El hotel está bastante bien, AC, habitación grande y cama kilométrica. La tentación de caer en la cama es grande, porque aunque nuestro reloj de mano marca las 4PM, el biológico es consciente de que son las 10PM. Aún y así nos lanzamos a las calles.

Ésta vez nos dejamos absorver por Times Square. Impresiona saber que aquí ya había luces de neón en los años 20. Desde su "descubrimiento" y su contacto con el mundo europeo, siempre han sido un país que va por delante.

Intentamos comprar un adaptador americano en un Pakistaní... El cargador está etiquetado en 50$, pero él nos dice "amablemente" que cuesta 30$ y segundos después lo baja a 25$. Le decimos que vamos a dar una vuelta y que luego volvemos y nos responde con un: Don't come back! Un tío muy majo...

Poco a poco nos dejamos absorver por las tiendas de Times Square: el enorme Toys'r'us con su noria en el interior, la tienda Ralph Lauren con una gigante bandera americana hecha con polos doblados, mi archienemigo Foot Locker, la tienda de 4 plantas de Forever 21, la tienda del chocolate, el M&M's Wolrd como el que vimos en Las Vegas... El ambiente es increíble. Una estación de policia en el centro que parece una atracción turística más, un tipo fornido en slips tocando la guitarra para ganarse unos dólares, una grada para sentarse y colas y colas enormes para comprar tickets teatrales de última hora con grandes descuentos, o para salir retratado en una pantalla de tamaño descomunal que bien quisiera yo tener en el comedor de mi casa.

Tras dejar atrás Times Square nos adentramos en Bradway... Nos pateamos la calle de punta a punta. El calor es sofocante y tenemos que comprar agua en cada esquina. Vemos teatros y más teatros con los mejores espectáculos del mundo en su interior, cientos de tiendas de souvenirs frecuentadas todas por Pakistaníes montados en el dólar, restaurantes de mil y un formatos y tipos...

A lo largo y ancho de Broadway encontramos un carril convertido en terraza de verano, con sillas para los ciudadanos y turistas. Muy peculiar en medio de la gran urbe.

Llegamos a Macy's, un lugar de precio prohibitivo. Y cruzando con la Sexta Avenida decidimos volver y buscar un lugar para cenar ya que el cansancio apremia.

Ahí nos llevamos la primera gran decepción: nuestro eterno comodín Mcdonald's que tan bien trabaja el Gluten Free en España, no sigue ese camino en US.

Tras mirar en varios sitios in situ, sin batería casi en el móvil, cansados, sin mapa y acalorados, estamos a punto de tirar la toalla y asumir que no vamos a poder cenar. Finalmente conseguimos localizar un italiano: Tony's Di Napoli. El único italiano del mundo que no hace pizzas... Pero está todo muy bueno. Una ensalada César y una pasta picante que nos saben a gran recompensa. El precio algo elevado.

Tras ésto se acaban las pilas y nos vamos a dormir, que al día siguiente nos espera una intensa jornada.

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