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Con los nativos...

Amanece el día pronto, pero nos forzamos a seguir durmiendo en nuestra lucha contra el jet lag. Lo logramos a trozos. A eso de las 9 y pico nos disponemos a salir a desayunar. Nuevamente buscamos por internet sin éxito. Mi salvación es el Hot Chocolate del Starbuks. A mi pregunta de si tienen algo para comer sin glutén vuelve a reinar el desconocimiento. Los veo poco preparados y concienciados en este sentido.

Con un poco de líquido con cacao en el cuerpo nos disponemos a volver al hotel al encuentro con Laia, Ramón y Mariona que nos van a acompañar por "The city" en el día de hoy. Todo un lujo poder contar con tan buena gente como ellos y además, autóctonos ya de la zona y muy buenos conocedores del entorno.

Nos dejan varias guías que aparcamos en el hotel, y tras comprar un adaptador y unas galletas gluten free, emprendemos el camino.

Empezamos la aventura en la estación de Gran Central, que nada tiene que ver con ninguna estación de tren europea. Con un aire muy clásico y esplendorosa, se torna en foco de nuestras cámaras.

Justo antes de entrar en la estación Nueva York nos regala una panorámica majestuosa del edificio Chrisler. Brutal obra arquitectónica y una de las imágenes de NYC.

Al salir del metro aparecemos en otro mundo. Escapamos del bullicio y la "locura" de Times Square y aparecemos en una postal.

Frente a nosotros el Music Hall y a la izquiera asoma el mítico Puente de Brooklyn que está en plenas obras (también Times Square y el Battety Park), pero eso no impide captar su esencia y majestuosidad.

Disfrutamos del paseo y de lo que poco a poco el puente nos va regalando. No sabemos hacia dónde orientar los flashes. La imagen de la bahía de Brooklyn y su Watch Tower, propiedad de los Opus Dei. A la izquierda el puente de Manhattan con sus dos niveles, también emblema de muchísimas películas. Y a nuestra derecha poco a poco va asomando el Skyline que tanto hemos podido contemplar en la gran pantalla. Uno tiene la sensación de haber estado ahí antes, son imágenes que forman parte de nuestra vida. No obstante, eso no impide que te dejen boquiabierto. Describir Nueva York es imposible, pero creo que es algo parecido a la ciudad de las ciudades, parece que existe Nueva York, y a partir de ahí todo es venido a menos. Unas tendrán unas cosas, otras tendrán otras, pero NYC lo tiene todo.

A medida que nos acercamos al otro lado del puente Nueva York se abre ante nosotros. A lo lejos Ellis Island y su archiconocida Estatua De La Libertad. Entre el mar y el Financial District divisamos el Battery Park, desde donde parten todos los ferris y muy cerca de los tours de helicópteros que ofrecen una panorámica de la ciudad a vista de pájaro. La Freedom Tower es impresionante, pero mi mente no olvida las Torres Gemelas, llevo esa história grabada en lo más profundo de mi alma. Más a la derecha de esa panorámica se divisa nuevamente el Chrysler y su vecino más famoso, el peliculero Empire State Building.

En Nueva York puedes estar caminando horas sin casi avanzar, debido a sus gigantes distancias. El calor sigue agotando y decidimos que es la hora de parar a comer. Comemos en Brooklyn, en el Superfine.

De ahí sigue nuestra caminata por el Brooklyn Bridge Park, donde Mariona busca ansiosamente los Sprinklers. Incluso hay piscinas públicas y gratuítas, y zonas para rellenar botellas de agua, cualquier cosa es poca para evitar los golpes de calor.

Paramos en un parque lleno de juguetes puestos por la ciudad para los niños, da gusto. Mariona y su pañal absorven todo el agua de Nueva York, y mientras ella disfruta nosotros nos refrescamos.

Tras abandonar el parque y dar un breve paseo por Brooklyn Heights, un barrio bastante exclusivo donde están las casas "of Laia's dreams", nuestros caminos se separan.

Aprovecho aquí para daros las gracias por la atención y por hacernos sentir como en casa. Formáis una familia preciosa. Con gente como vosotros cualquier ciudad se vuelve mejor. Mariona está preciosa, con su inglés perfecto y deborando galletas gluten free.

Nuestro siguiente punto es el Financial District. Nos dirigimos hacia el mar y cogemos el ferri a Staten Island, no sin antes tomar un par de granizados que nos refresquen. La imagen de la estatua de la libertad impone, es el emblema de un país hecho a base de trabajo y en el que se lucha por la libertad, aunque no siempre se consiga. Pisamos Staten Island y volvemos.

Al llegar nuevamente a Manhattan bordeamos un Battery Park totalmente levantado por las obras. Poco se puede disfrutar.

Seguimos nuestro paseo por Wall Street y nos hacemos la foto de rigor con el toro. Muchos años después y muchos kilómetros más allá de Frankfurt, repetimos instantánea.

Seguimos hacía la zona cero y su Freedom Tower. Al llegar encontramos cerrado el memorial del 11/09, al que volveremos. Aún y así se pueden leer placas conmemorativas, ver imágenes... Me quedo observando el enorme hueco dejado por las dos torres y el espacio que la Freedom Tower intenta llenar sin conseguirlo. Se me encoge el corazón, me quedó ahí plantado, frente a lo que hoy es nada pero que en su día fue el símbolo de la America más potente, para durante muchos minutos convertirse en el peor infierno imaginable. Resto en silencio. Observo. Y de repente por primera vez comienza a llover. Será que el cielo llora también?

Las gotas se tornan en una torrencial pero fugaz lluvia de verano de la que todo el mundo se protege.

Aprovechando la lluvia entramos en Century 21 outlets, pero dejan mucho que desear. Precios desorbitados para moda hortera.

Finalmente decidimos ir a cenar. Bajamos en Little Italy, y vamos a la pizzeria Kesté. Comemos pizza típica napolitana en un entorno totalmente italiano. Los italianos nazcan donde nazcan y estén donde estén, nunca dejan de ser italianos.

La pizza estaba riquísima, y tras un breve paseo por el pintoresco barrio, regresamos al hotel.

Mañana más!

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