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Black power...

El día amanece pronto, a las 6AM mi cuerpo decide que ya ha dormido suficiente. Tras actualizar mi cuaderno de viaje salimos a nuestro encuentro con Starbucks y la WIFI de Times Square. Una breve conexión con el mundo y pillamos el metro en dirección a Antioch Baptist Church, nuestra experiencia con una misa Gospel. Buscamos en internet la mejor recomendación, y todos coinciden en esta iglesia. Y no nos hemos equivocado.

Describir lo vivido dentro es complicado, pero en ocasiones ha sido algo dificil de olvidar. Podría definirse como una experiencia mística, religiosa, vital, existencial... Lo único que saco en claro es que este país es lo que es gracias a la raza negra y a su forma única de vivir los momentos. Convierten la misa en un espectáculo, en el que se concentran por igual dosis de devoción y de energía, pero energía vital, de la positiva. A través de Jesús cantan, sienten, se vuelcan, bailan, comparten, te transmiten, bromean... Los que me conocen bien saben que no comulgo nada con ciertas ideas, pero ésto va más allá. Una experiencia 100% recomendable que te invita a entrar en lo más profundo del alma neoyorquina y de Harlem, donde ves a la raza negra en su máximo esplendor: con su ritmo y sus voces inigualables.

Volvemos al hotel y nos cambiamos porque después de comer nos espera la mítica Motown.

Una vez más vivimos la dificultad de comer sin gluten en una ciudad que se le presuponía mucho más preparada en este sentido. Decidimos comer en el Shake Shak, una especie de Mcdonald's premium con comida orgánica. Me ponen una hamburguesa sin pan (entre dos hojas de lechuga). Buen esfuerzo pero sigue sin ser lo que uno espera cuando pide gluten free.

Tras abandonar el masificado restaurante nos dirigimos al teatro Louis Fountaine, escenario según la crítica del show de Brodway con el mejor y de mayor nivel cásting de actores en mucho tiempo, lo que a su vez le convierte a priori en quizás el mejor show del mundo, ya que Broadway es La Meca del teatro: la cosa promete. Llegamos pronto al teatro y decidimos hacer tiempo en Times Square mientras conectamos con nuestro mundo. Cuando decidimos volver al teatro lo que presenciamos es inaudito: una cola de gente que no termina nunca. Como la mitad de la cola está en el sol, decidimos esperar a que entren todos y ponernos detrás, pero tras 10 minutos a un ritmo de entrada al local muy alto, la cola no se rebaja. Calculamos que dentro del teatro caben varios miles de personas. Finalmente conseguimos entrar, y el recinto es espectacular. Un teatro muy al estilo del Liceo de Barcelona (salvando las distancias).

Cuando da comienzo el espectáculo y tras un segundo, el cuerpo se estremece y uno ya sabe que va a vivir un momento probablemente irrepetible. Describir el musical en palabras es algo realmente complicado, pero podría decir que es MÁGICO. Fuerza, arte, voces incomparables, calidad musical, melancolía... Motown te transporta a una época en la que la música fue el motor y el sentido de vida.

Cada instante en el musical parece insuperable, pero el siguiente aún te sorprende más. A destacar varios momentos: un duelo musical entre Four Tops y The Temptations (a cual mejor), una brillante puesta en escena del Stop! In the name of love de la maravillosa Diana Ross y The Supremes, un debutante Stevie Wonder que lleva a La Motown a lo más alto... Y cuando tu alma está entregada y crees haberlo visto todo, de repente aparece un niño reencarnado en el mayor artista de todos los tiempos: Michael Jackson. En ese momento y viéndolo actuar, te percatas del talento puro e irrepetible que se congregó en ese pequeño cuerpo. Una voz mágica, un don para el baile, desparpajo y una creatividad sin igual. Y de repente canta ese "I'll be there" que te transporta a tu hermana: GRACIAS.

El pensamiento de esta mañana en la misa Gospel, se ve reforzado si cabe tras el espectáculo de esta tarde. Este país debería tratar mejor a la raza negra, ya que es la que le ha dado lo que hoy es. Es la raza que ha hecho de USA el mejor país del mundo, la que le ha dado el ritmo, la creatividad, la autenticidad... Black power! Sin duda Motown ha sido el mejor espectáculo de nuestras vidas.

Recién salidos del teatro y aún con el corazón en un puño decidimos ir a Central Park. Entramos por el lado oeste y justo en nuestro primer contacto con el parque encontramos el memorial de John Lennon, otro genio más que se fue demasiado pronto. En el lugar se respira algo especial, por lo que Lennon fue, por lo que transmitió, por aquello por lo que luchó y por la manera tan fría de morir y tan ajena a su forma de entender la vida. El lugar tiene una carga emocional muy fuerte.

Seguimos adentrándonos en el parque de tamaño descomunal. Es un bosque enorme en medio de una jungla de asfalto. Un lugar de encuentro, de descanso, de recogimiento, un lugar para hacer deporte lejos de la urbe, para transmitir tu arte: baile, pintura, guitarra... Cada esquina está llena de gigantes árboles, prados, estanques, simpáticas ardillas, calesas y de gente descansando o expresando su arte, viviendo la vida a su manera.

Tras largo rato caminando decidimos que a Central Park debemos volver otro día a hacerlo en bicicleta. Y desviamos nuestra ruta hacia la Quinta Avenida con destino al Rockefeller Center.

Tras hacer la obligada parada en el universo Apple, nos adentramos en la calle de la opulencia, donde la imagen de marca se convierte en una lucha de gigantes. Cada tienda intenta ser más lujosa que la anterior. Todas las tiendas con sus mejores galas para posicionarse en el mundo y para sorprender a la gente. Aunque son tiendas totalmente inaccesibles para el ciudadano de a píe.

Finalmente llegamos al Top of the Rock, uno de los edificios que regala las mejores vistas de NYC. 40 dólares para subir a la terraza de un edificio nos parece desorbitado, pero entendemos que la situación es especial y las vistas también. Mientras subes vas vivendo la historia del edificio desde su creación, todo muy americano, y es que por algo son los número uno a nivel de espectáculos. Antes de coger el ascensor te hacen un simpático foto montaje como si fueses un obrero sentado en la biga a cientos de metros de altura. Pero pagar 30 dólares por la foto ya nos parece innecesario. Nos metemos en un ascensor que sube a la velocidad de la luz, y que tiene el techo transparente para que vivas la sensación de velocidad, algo que los que tenemos aprehensión por las alturas agradecemos lo justo.

Una vez arriba percibo una vez más que no estoy en mi ambiente, me siento frágil y vulnerable y por mi mente sólo pasan gente cayendo al vacío. Trato de relajarme y de disfrutar del momento, aunque visualmente tenga expresión de sufrimiento. Las vistas son impresionantes, ahí es cuando de repente eres consciente de la ciudad en la que estás. Ves la basta extensión de luces, ves varios edificios tocar el cielo, ves colores, parques enormes... Ahí es cuando paradójicamente uno deja de volar, y entiende qué significa Nueva York y porque es la ciudad de las ciudades.

Para cenar nuevamente Shake Shak debido a la falta de opciones. Esta vez mi estómago no me lo permite y me voy a la cama con unas French Fries en el estómago.

Bona nit!

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