Facebook Twitter Google +1     Admin

ALEXIA

No soy muy amigo de publicar intimidades. Hacer público cada instante de la vida propia es algo totalmente lícito y que está de moda, pero que no va conmigo. Yo siempre he creído que la vida está para vivirla y no para ser contada, y sólo los momentos relevantes son susceptibles de ser compartidos. No obstante, cuando te pasa algo así tienes dos opciones: desterrar para siempre el recuerdo de tu mente o darle el lugar que merece en tu vida. Y yo, equivocadamente o no, he optado por lo segundo.

Hoy no pretendo demostrar mis dotes de gran escritor, entre otras cosas porque nunca lo he sido. Ni quiero adornarme en la filigrana de vocablos que ni siquiera esté seguro de que encajen en el contexto. Hoy simplemente quiero gritar mi dolor para que no me desgarre la piel tratando de escapar de éste, hoy y para siempre, agrietado corazón.

Que se te muera una hija es algo que uno nunca cree que le vaya a tocar a él, e incluso se te encoge el espíritu simplemente al escribirlo o pensarlo. Cuando he visto/leído algo así por noticiarios varios me ha parecido una tragedia, pero la empatía no es un valor suficiente para imaginar el dolor que se puede llegar a sentir. Se te parte el alma, muere una parte de ti que nunca volverás a recuperar... Todo se torna una pesadilla en la que nunca suena el despertador. Y ahí te posas, desorientado, sin entender nada, viviendo entre la luz y las sombras.

Sabes? En estos casos al padre no se le tiene en gran consideración. Eres la pieza que debe tirar del carro, a la que todo el mundo le transmite su dolor porque intentas estar entero, tienes un derecho limitado y temporal para exteriorizar tu pena e incluso al que algún desalmado se le ocurre el decirte que para ti no es tan duro. En circunstancias así la rabia y el sufrimiento me hacen reír... Nada de lo que diga podrá hacerles entender lo que para un padre puede suponer ver a su pequeña sin vida. Pero no juzgo a la gente, no son protagonistas de este inmenso dolor.

Me preguntaba la gente al tener a mi pequeña Aitana en brazos si era consciente de que era padre. Contesté que sólo una cosa me hacía sentir ese privilegio, y no era otra cosa que un amor tan grande dentro de mí que me haría dar la vida por ella. No dudaría en saltar al vacío en su lugar, aunque sólo hubiese una opción entre un millón de salvarla. Y esa misma sensación era aplicable a ti. Pero tú saltaste sin mí, saltaste sin tu madre, saltaste sin nosotros para regalarnos la vida de tu hermana. Elegiste esa opción entre un millón para que Aitana pudiera sonreír. Eso duele, duele hoy y dolerá siempre. Hubiese dado todo, todo lo que hubiese estado en mi mano por verte sonreír, por ver tu pequeñito y precioso cuerpo esbozar un aliento de vida.

"Sabor agridulce" - me decía yo a mí mismo tratando de dar forma a mis días -. Limitado e impersonal resumen, pero era una respuesta social, sin querer ahondar en la profundidad de las heridas. Mis niñas sois demasiado importantes para mí como para reducirlo todo a un mísero "agridulce". No hay un sabor en el mundo que pueda aliñar esta ensalada de sentimientos que han supuesto el nacimiento de tu hermanita y tu marcha, Alexia. Felicidad inmensa e incalculable por mi princesa Aitana, pero desgraciadamente el adiós de mi bello ángel no es algo que pueda describirse con palabras. Injusto sería un buen comienzo, pero al ver tu cuerpo pequeñito sin vida las palabras vuelven a quedarse cortas.

Que formarás parte de nuestras vidas SIEMPRE es algo demasiado obvio. Alexia, tú has sido, eres y serás la otra mitad de mi vida. Ésa que desde hoy quedará reservada a mi niña, y que nada ni nadie podrá romper. El tiempo, sabio como siempre, nos enseñará a llevar tu ausencia, pero jamás hará que te olvidemos. Las agujas de Chronos no son tan fuertes como para arrancar la imagen de mi pequeñita de mi corazón y de mi mente. Las lágrimas ahora tan públicas quedarán ahogadas en el silencio de un padre que siempre echará de menos a su hija que se marchó antes incluso de que fuese demasiado pronto.

Sé que cuidarás de nosotros, estés donde estés. Te veremos una y otra vez a través de tu hermana, y vivirás en ella y en cada uno de nuestros días. En cada paso de Aitana tu irás intrínseca, cuando hable oíremos tu voz, cuando juegue en el parque en algún punto de mi mente siempre jugaréis las dos. Y nos encontraremos, sé que nos esperarás. Llegará un día en que nos reiremos juntos de todo esto y seguro que entenderé porqué ha sucedido de esta manera. Y me explicarás, y entenderé porqué no te ví aprender a llevar tu primera bicicleta, porqué no te ví llegar a enamorarte, porqué no llegó el día en que la naturaleza se llevó a tu padre ante tus ojos... Ese día cogeré tu manita y nunca la volveré a soltar. Pero no ahora, no hoy. Tu hermana nos necesita, te va a echar tanto de menos como nosotros, a ti, su compañera de viaje durante tu corta pero intensa vida. La guerrera, la movida, la que nos iba a llevar al límite...

Pero no voy a pensar en lo que pudiste ser, porque aunque quiera sé que eso nunca sucederá. Te dejo volar dolido pero orgulloso. Orgulloso de tu belleza celestial resistiendo la ausencia de vida en el transcurso de los días, supongo que es por aquello de que los ángeles no envejecen. Orgulloso de tu fuerza y tu lucha, la que demostraste hasta el último instante. Orgulloso de que seas tan igual a Aitana, mis dos gotas de vida. Pero sobretodo y ante todo, orgulloso de saber que tu madre te acompañó hasta tu último aliento, y que yo he podido cogerte la mano y acompañar a tu pequeño pero bello cuerpo hasta el final para que vueles libre. Debemos dejarte ir y que ocupes tu lugar. El del ángel de la guarda que siempre reinará en nuestras vidas de forma etérea, ahora sé que siempre has pertenecido al cielo.

Un cálido beso en un frío pero eterno cuerpo, un lo siento y un te queremos serán tu equipaje en la eternidad. Sé feliz mi vida allá donde vayas, sin duda harás del cielo un lugar mejor. Aquí intentaremos reaprender a sonreír, y cada vez que lo consiga, esa sonrisa llevará tu nombre. Desde hoy eres la estrella que más brilla en mi firmamento.

Te amaremos eternamente. Sé feliz Alexia,

Tus papis

Comentarios » Ir a formulario



Autor: Anónimo

Lo siento Carlos.
A ningún padre ni a ninguna madre le tendría que suceder esto. Pero ahora hay que levantar la cabeza por esa niña la cual os necesitará a todas horas. Por la que siempre te faltará tiempo para estar a su lado. Tiempo que recortarás de cosas que antes hacías y que ya no son importantes, o no tan importantes como el estar jugando y disfrutando a su lado cada minuto.
El tiempo pasa más rápido de lo que crees y esa peque que ahora ves tan peque crecerá a pasos agigantados tal que no te darás apenas cuenta y estarás soplando la vela del número 1 junto a ella.
Un abrazo...

Fecha: 27/06/2014 13:49.


Añadir un comentario



No será mostrado.





Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris