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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2013.

Aterrizando...

El primer día comienza pronto, una vez más mi actividad cerebral me traiciona y poco después de las 4AM ya estoy preparado para iniciar mi viaje. Tras ultimar unos detalles protocolarios de preparación de maleta, nos disponemos a salir de casa a las 7:30AM.

El avión y su tripulación son de gran nivel, muy alejado de lo que a uno le tienen acostumbrado en pseudo compañías como Vueling o Ryanair. En Delta tenemos buen servicio, comida especial para celíacos (avisada la compañía sólo un día antes) y una pantalla individual con música, videoclips, videojuegos e infinidad de películas. Empecé dos películas que no acabé hasta que finalmente me decanté por un clásico que no había visto: A quién ama Gilbert Grape. Impresionante Di Caprio, como es costumbre en todos y cada uno de sus personajes.

Y por fin aterrizamos. Tras una larga cola en inmigración junto a Jesús Mariñas (sí sí, el de Carmele...), y tras un "enjoy your days y felis navidat" del guardia de inmigración que se parecía a Carl Winslow, finalmente: Welcome back to the USA!

Y por fin pisamos suelo americano tras casi 8 horas de vuelo... La sensación es la de siempre, la de estar en un sitio especial en el que te sientes más integrado que en tu propio país.

La gente es amable y auténtica, es una eterna película. Tratan de mostrarse siempre felices. Te ayudan con el mapa sin preguntarles, hablan y ríen en voz alta... En España todos iríamos hundidos en nuestro móvil, nuestro libro o nuestros pensamientos. Somos más individualistas.

Tras el Air Train y el metro, de repente salimos en la calle 43, cerca de nuestro hotel en Times Square. Nos orientamos como podemos y poco a poco vamos avanzando números. Los neones se asoman progresivamente y de repente, tras una esquina, aparece uno de los espectáculos más grotescos e inigualables que podré visionar nunca: Times Square.

Millones de luces, pantallas eternas, cámaras que te convierten en protagonista de una película inesperada, miles de focos, ríos de gente, tiendas por doquier, coches, ruído, teatro, publicidad, sueños al alcance de la mano... Todo ésto y mucho más es Times Square. Un sitio retratado en cientos de películas y probablemente el centro neurálgico más imponente del mundo.

Tras un breve shock llegamos al hotel, que está junto a la mítica plaza. El hotel está bastante bien, AC, habitación grande y cama kilométrica. La tentación de caer en la cama es grande, porque aunque nuestro reloj de mano marca las 4PM, el biológico es consciente de que son las 10PM. Aún y así nos lanzamos a las calles.

Ésta vez nos dejamos absorver por Times Square. Impresiona saber que aquí ya había luces de neón en los años 20. Desde su "descubrimiento" y su contacto con el mundo europeo, siempre han sido un país que va por delante.

Intentamos comprar un adaptador americano en un Pakistaní... El cargador está etiquetado en 50$, pero él nos dice "amablemente" que cuesta 30$ y segundos después lo baja a 25$. Le decimos que vamos a dar una vuelta y que luego volvemos y nos responde con un: Don't come back! Un tío muy majo...

Poco a poco nos dejamos absorver por las tiendas de Times Square: el enorme Toys'r'us con su noria en el interior, la tienda Ralph Lauren con una gigante bandera americana hecha con polos doblados, mi archienemigo Foot Locker, la tienda de 4 plantas de Forever 21, la tienda del chocolate, el M&M's Wolrd como el que vimos en Las Vegas... El ambiente es increíble. Una estación de policia en el centro que parece una atracción turística más, un tipo fornido en slips tocando la guitarra para ganarse unos dólares, una grada para sentarse y colas y colas enormes para comprar tickets teatrales de última hora con grandes descuentos, o para salir retratado en una pantalla de tamaño descomunal que bien quisiera yo tener en el comedor de mi casa.

Tras dejar atrás Times Square nos adentramos en Bradway... Nos pateamos la calle de punta a punta. El calor es sofocante y tenemos que comprar agua en cada esquina. Vemos teatros y más teatros con los mejores espectáculos del mundo en su interior, cientos de tiendas de souvenirs frecuentadas todas por Pakistaníes montados en el dólar, restaurantes de mil y un formatos y tipos...

A lo largo y ancho de Broadway encontramos un carril convertido en terraza de verano, con sillas para los ciudadanos y turistas. Muy peculiar en medio de la gran urbe.

Llegamos a Macy's, un lugar de precio prohibitivo. Y cruzando con la Sexta Avenida decidimos volver y buscar un lugar para cenar ya que el cansancio apremia.

Ahí nos llevamos la primera gran decepción: nuestro eterno comodín Mcdonald's que tan bien trabaja el Gluten Free en España, no sigue ese camino en US.

Tras mirar en varios sitios in situ, sin batería casi en el móvil, cansados, sin mapa y acalorados, estamos a punto de tirar la toalla y asumir que no vamos a poder cenar. Finalmente conseguimos localizar un italiano: Tony's Di Napoli. El único italiano del mundo que no hace pizzas... Pero está todo muy bueno. Una ensalada César y una pasta picante que nos saben a gran recompensa. El precio algo elevado.

Tras ésto se acaban las pilas y nos vamos a dormir, que al día siguiente nos espera una intensa jornada.
21/07/2013 14:53 Carlos Enlace permanente. Estados de ánimo No hay comentarios. Comentar.

Con los nativos...

Amanece el día pronto, pero nos forzamos a seguir durmiendo en nuestra lucha contra el jet lag. Lo logramos a trozos. A eso de las 9 y pico nos disponemos a salir a desayunar. Nuevamente buscamos por internet sin éxito. Mi salvación es el Hot Chocolate del Starbuks. A mi pregunta de si tienen algo para comer sin glutén vuelve a reinar el desconocimiento. Los veo poco preparados y concienciados en este sentido.

Con un poco de líquido con cacao en el cuerpo nos disponemos a volver al hotel al encuentro con Laia, Ramón y Mariona que nos van a acompañar por "The city" en el día de hoy. Todo un lujo poder contar con tan buena gente como ellos y además, autóctonos ya de la zona y muy buenos conocedores del entorno.

Nos dejan varias guías que aparcamos en el hotel, y tras comprar un adaptador y unas galletas gluten free, emprendemos el camino.

Empezamos la aventura en la estación de Gran Central, que nada tiene que ver con ninguna estación de tren europea. Con un aire muy clásico y esplendorosa, se torna en foco de nuestras cámaras.

Justo antes de entrar en la estación Nueva York nos regala una panorámica majestuosa del edificio Chrisler. Brutal obra arquitectónica y una de las imágenes de NYC.

Al salir del metro aparecemos en otro mundo. Escapamos del bullicio y la "locura" de Times Square y aparecemos en una postal.

Frente a nosotros el Music Hall y a la izquiera asoma el mítico Puente de Brooklyn que está en plenas obras (también Times Square y el Battety Park), pero eso no impide captar su esencia y majestuosidad.

Disfrutamos del paseo y de lo que poco a poco el puente nos va regalando. No sabemos hacia dónde orientar los flashes. La imagen de la bahía de Brooklyn y su Watch Tower, propiedad de los Opus Dei. A la izquierda el puente de Manhattan con sus dos niveles, también emblema de muchísimas películas. Y a nuestra derecha poco a poco va asomando el Skyline que tanto hemos podido contemplar en la gran pantalla. Uno tiene la sensación de haber estado ahí antes, son imágenes que forman parte de nuestra vida. No obstante, eso no impide que te dejen boquiabierto. Describir Nueva York es imposible, pero creo que es algo parecido a la ciudad de las ciudades, parece que existe Nueva York, y a partir de ahí todo es venido a menos. Unas tendrán unas cosas, otras tendrán otras, pero NYC lo tiene todo.

A medida que nos acercamos al otro lado del puente Nueva York se abre ante nosotros. A lo lejos Ellis Island y su archiconocida Estatua De La Libertad. Entre el mar y el Financial District divisamos el Battery Park, desde donde parten todos los ferris y muy cerca de los tours de helicópteros que ofrecen una panorámica de la ciudad a vista de pájaro. La Freedom Tower es impresionante, pero mi mente no olvida las Torres Gemelas, llevo esa história grabada en lo más profundo de mi alma. Más a la derecha de esa panorámica se divisa nuevamente el Chrysler y su vecino más famoso, el peliculero Empire State Building.

En Nueva York puedes estar caminando horas sin casi avanzar, debido a sus gigantes distancias. El calor sigue agotando y decidimos que es la hora de parar a comer. Comemos en Brooklyn, en el Superfine.

De ahí sigue nuestra caminata por el Brooklyn Bridge Park, donde Mariona busca ansiosamente los Sprinklers. Incluso hay piscinas públicas y gratuítas, y zonas para rellenar botellas de agua, cualquier cosa es poca para evitar los golpes de calor.

Paramos en un parque lleno de juguetes puestos por la ciudad para los niños, da gusto. Mariona y su pañal absorven todo el agua de Nueva York, y mientras ella disfruta nosotros nos refrescamos.

Tras abandonar el parque y dar un breve paseo por Brooklyn Heights, un barrio bastante exclusivo donde están las casas "of Laia's dreams", nuestros caminos se separan.

Aprovecho aquí para daros las gracias por la atención y por hacernos sentir como en casa. Formáis una familia preciosa. Con gente como vosotros cualquier ciudad se vuelve mejor. Mariona está preciosa, con su inglés perfecto y deborando galletas gluten free.

Nuestro siguiente punto es el Financial District. Nos dirigimos hacia el mar y cogemos el ferri a Staten Island, no sin antes tomar un par de granizados que nos refresquen. La imagen de la estatua de la libertad impone, es el emblema de un país hecho a base de trabajo y en el que se lucha por la libertad, aunque no siempre se consiga. Pisamos Staten Island y volvemos.

Al llegar nuevamente a Manhattan bordeamos un Battery Park totalmente levantado por las obras. Poco se puede disfrutar.

Seguimos nuestro paseo por Wall Street y nos hacemos la foto de rigor con el toro. Muchos años después y muchos kilómetros más allá de Frankfurt, repetimos instantánea.

Seguimos hacía la zona cero y su Freedom Tower. Al llegar encontramos cerrado el memorial del 11/09, al que volveremos. Aún y así se pueden leer placas conmemorativas, ver imágenes... Me quedo observando el enorme hueco dejado por las dos torres y el espacio que la Freedom Tower intenta llenar sin conseguirlo. Se me encoge el corazón, me quedó ahí plantado, frente a lo que hoy es nada pero que en su día fue el símbolo de la America más potente, para durante muchos minutos convertirse en el peor infierno imaginable. Resto en silencio. Observo. Y de repente por primera vez comienza a llover. Será que el cielo llora también?

Las gotas se tornan en una torrencial pero fugaz lluvia de verano de la que todo el mundo se protege.

Aprovechando la lluvia entramos en Century 21 outlets, pero dejan mucho que desear. Precios desorbitados para moda hortera.

Finalmente decidimos ir a cenar. Bajamos en Little Italy, y vamos a la pizzeria Kesté. Comemos pizza típica napolitana en un entorno totalmente italiano. Los italianos nazcan donde nazcan y estén donde estén, nunca dejan de ser italianos.

La pizza estaba riquísima, y tras un breve paseo por el pintoresco barrio, regresamos al hotel.

Mañana más!
21/07/2013 15:01 Carlos Enlace permanente. Estados de ánimo No hay comentarios. Comentar.


Black power...

El día amanece pronto, a las 6AM mi cuerpo decide que ya ha dormido suficiente. Tras actualizar mi cuaderno de viaje salimos a nuestro encuentro con Starbucks y la WIFI de Times Square. Una breve conexión con el mundo y pillamos el metro en dirección a Antioch Baptist Church, nuestra experiencia con una misa Gospel. Buscamos en internet la mejor recomendación, y todos coinciden en esta iglesia. Y no nos hemos equivocado.

Describir lo vivido dentro es complicado, pero en ocasiones ha sido algo dificil de olvidar. Podría definirse como una experiencia mística, religiosa, vital, existencial... Lo único que saco en claro es que este país es lo que es gracias a la raza negra y a su forma única de vivir los momentos. Convierten la misa en un espectáculo, en el que se concentran por igual dosis de devoción y de energía, pero energía vital, de la positiva. A través de Jesús cantan, sienten, se vuelcan, bailan, comparten, te transmiten, bromean... Los que me conocen bien saben que no comulgo nada con ciertas ideas, pero ésto va más allá. Una experiencia 100% recomendable que te invita a entrar en lo más profundo del alma neoyorquina y de Harlem, donde ves a la raza negra en su máximo esplendor: con su ritmo y sus voces inigualables.

Volvemos al hotel y nos cambiamos porque después de comer nos espera la mítica Motown.

Una vez más vivimos la dificultad de comer sin gluten en una ciudad que se le presuponía mucho más preparada en este sentido. Decidimos comer en el Shake Shak, una especie de Mcdonald's premium con comida orgánica. Me ponen una hamburguesa sin pan (entre dos hojas de lechuga). Buen esfuerzo pero sigue sin ser lo que uno espera cuando pide gluten free.

Tras abandonar el masificado restaurante nos dirigimos al teatro Louis Fountaine, escenario según la crítica del show de Brodway con el mejor y de mayor nivel cásting de actores en mucho tiempo, lo que a su vez le convierte a priori en quizás el mejor show del mundo, ya que Broadway es La Meca del teatro: la cosa promete. Llegamos pronto al teatro y decidimos hacer tiempo en Times Square mientras conectamos con nuestro mundo. Cuando decidimos volver al teatro lo que presenciamos es inaudito: una cola de gente que no termina nunca. Como la mitad de la cola está en el sol, decidimos esperar a que entren todos y ponernos detrás, pero tras 10 minutos a un ritmo de entrada al local muy alto, la cola no se rebaja. Calculamos que dentro del teatro caben varios miles de personas. Finalmente conseguimos entrar, y el recinto es espectacular. Un teatro muy al estilo del Liceo de Barcelona (salvando las distancias).

Cuando da comienzo el espectáculo y tras un segundo, el cuerpo se estremece y uno ya sabe que va a vivir un momento probablemente irrepetible. Describir el musical en palabras es algo realmente complicado, pero podría decir que es MÁGICO. Fuerza, arte, voces incomparables, calidad musical, melancolía... Motown te transporta a una época en la que la música fue el motor y el sentido de vida.

Cada instante en el musical parece insuperable, pero el siguiente aún te sorprende más. A destacar varios momentos: un duelo musical entre Four Tops y The Temptations (a cual mejor), una brillante puesta en escena del Stop! In the name of love de la maravillosa Diana Ross y The Supremes, un debutante Stevie Wonder que lleva a La Motown a lo más alto... Y cuando tu alma está entregada y crees haberlo visto todo, de repente aparece un niño reencarnado en el mayor artista de todos los tiempos: Michael Jackson. En ese momento y viéndolo actuar, te percatas del talento puro e irrepetible que se congregó en ese pequeño cuerpo. Una voz mágica, un don para el baile, desparpajo y una creatividad sin igual. Y de repente canta ese "I'll be there" que te transporta a tu hermana: GRACIAS.

El pensamiento de esta mañana en la misa Gospel, se ve reforzado si cabe tras el espectáculo de esta tarde. Este país debería tratar mejor a la raza negra, ya que es la que le ha dado lo que hoy es. Es la raza que ha hecho de USA el mejor país del mundo, la que le ha dado el ritmo, la creatividad, la autenticidad... Black power! Sin duda Motown ha sido el mejor espectáculo de nuestras vidas.

Recién salidos del teatro y aún con el corazón en un puño decidimos ir a Central Park. Entramos por el lado oeste y justo en nuestro primer contacto con el parque encontramos el memorial de John Lennon, otro genio más que se fue demasiado pronto. En el lugar se respira algo especial, por lo que Lennon fue, por lo que transmitió, por aquello por lo que luchó y por la manera tan fría de morir y tan ajena a su forma de entender la vida. El lugar tiene una carga emocional muy fuerte.

Seguimos adentrándonos en el parque de tamaño descomunal. Es un bosque enorme en medio de una jungla de asfalto. Un lugar de encuentro, de descanso, de recogimiento, un lugar para hacer deporte lejos de la urbe, para transmitir tu arte: baile, pintura, guitarra... Cada esquina está llena de gigantes árboles, prados, estanques, simpáticas ardillas, calesas y de gente descansando o expresando su arte, viviendo la vida a su manera.

Tras largo rato caminando decidimos que a Central Park debemos volver otro día a hacerlo en bicicleta. Y desviamos nuestra ruta hacia la Quinta Avenida con destino al Rockefeller Center.

Tras hacer la obligada parada en el universo Apple, nos adentramos en la calle de la opulencia, donde la imagen de marca se convierte en una lucha de gigantes. Cada tienda intenta ser más lujosa que la anterior. Todas las tiendas con sus mejores galas para posicionarse en el mundo y para sorprender a la gente. Aunque son tiendas totalmente inaccesibles para el ciudadano de a píe.

Finalmente llegamos al Top of the Rock, uno de los edificios que regala las mejores vistas de NYC. 40 dólares para subir a la terraza de un edificio nos parece desorbitado, pero entendemos que la situación es especial y las vistas también. Mientras subes vas vivendo la historia del edificio desde su creación, todo muy americano, y es que por algo son los número uno a nivel de espectáculos. Antes de coger el ascensor te hacen un simpático foto montaje como si fueses un obrero sentado en la biga a cientos de metros de altura. Pero pagar 30 dólares por la foto ya nos parece innecesario. Nos metemos en un ascensor que sube a la velocidad de la luz, y que tiene el techo transparente para que vivas la sensación de velocidad, algo que los que tenemos aprehensión por las alturas agradecemos lo justo.

Una vez arriba percibo una vez más que no estoy en mi ambiente, me siento frágil y vulnerable y por mi mente sólo pasan gente cayendo al vacío. Trato de relajarme y de disfrutar del momento, aunque visualmente tenga expresión de sufrimiento. Las vistas son impresionantes, ahí es cuando de repente eres consciente de la ciudad en la que estás. Ves la basta extensión de luces, ves varios edificios tocar el cielo, ves colores, parques enormes... Ahí es cuando paradójicamente uno deja de volar, y entiende qué significa Nueva York y porque es la ciudad de las ciudades.

Para cenar nuevamente Shake Shak debido a la falta de opciones. Esta vez mi estómago no me lo permite y me voy a la cama con unas French Fries en el estómago.

Bona nit!
23/07/2013 18:10 Carlos Enlace permanente. Estados de ánimo No hay comentarios. Comentar.

Niagaragueando...

El día de ayer fue largo pero corto de contar. Era el día elegido para ir a visitar las cataratas del Niágara. Un viaje poco recomendable para ir y volver el mismo día: 14 horas de coche por delante. Pero queríamos ver las cataratas e íbamos a hacer el esfuerzo.

Nos fuimos a dormir excesívamente tarde para la hora en que debíamos levantarnos al día siguiente. Debíamos levantarnos a las 5AM, pero a las 4 y poco, tras menos de 5 horas de sueño mi cuerpo ya estaba activo. A eso de las 5:15 abandonábamos el hotel en busca de la oficina de Avis. Tras sufrir dificultades de orientación llegamos al lugar, y tras realizar los trámites pertinentes esperamos fuera a que nos entreguen el coche. Digo el coche por decir algo, ya que lo que nos traen es una máquina lujosa que haría las delicias de cualquier amante del motor o de la ostenticidad. Así que tras confirmar que ese mítico y potente Chevy Camaro va a estar entre mis manos, emprendemos el viaje al Niágara.

El viaje de ida se hace ameno: un par de paradas y nos plantamos en Niágara tras una curiosa experiencia de conducir por NYC y, una vez más, por esas interminables carreteras americanas.

Llegamos a Niágara y vamos directos a comer. Una Caprese bastante conseguida y unos Spaguetis a La Carbonara que dejaban mucho que desear. Y ahora sí, nos dirigimos a la zona de las cataratas.

Al llegar se ve todo explotado para el turista, lo cual entra dentro de lo lógico. Casinos, hoteles, restaurantes... La diversión en Niágara está garantizada.

Aparcamos en una zona gratuíta y caminamos siguiendo el enorme cauce del río. A medida que avanzas el río coge fuerza y los rápidos se acrecentan, síntoma inequívoco de que nos acercamos a las cataratas.

Poco a poco la tierra se va abriendo ante tus ojos y al llegar al precipio un espectáculo dantesco se posa ante tu mirada.

Una garganta se abre profunda en la tierra creando unos enormes precipicios, por los que caen millones de litros de agua por segundo. Creando una lluvia impresionante.

Vemos las cataratas desde todos los ángulos y hacemos 1000 instantáneas. Es impresionante la fuerza que puede tener la naturaleza.

La atracción que nadie se puede perder es el "Maid of the Mist", un barco que te acerca al píe de las cataratas. Poquito a poco te va adentrando en la garganta, y progresivamente vas experimentando la fuerza que tiene el agua al caer. El aire va creciendo a medida que te acercas, la fina lluvia se convierte en una lluvia torrencial, las corrientes marinas se acrecentan... Hay un momento en el que estás ahí abajo y el paisaje es insuperable. Ves el precipicio con sus salvajes caídas de agua, ves una frondosa ladera de la montaña con centenares de pájaros anidando... Por un momento parece que abandonas La Tierra para adentrarte en Pandora. Una experiencia increíble.

Salimos de ahí empapados pero satisfechos. Y mientras nos secamos sucede la anécdota del día. Cruzamos el puente al lado canadiense y al llegar a la otra esquina nos damos cuenta de que vamos indocumentados, tenemos los pasaportes en el coche. Por un breve espacio de tiempo somos ciudadanos indocumentados entre dos países. Tras contárselo al Carl Winslow de turno y de transmitirnos el tono peliculero que tanto les gusta, nos readmite en el país.

Antes de volver exploramos algún otro sitio que nos ofrece nuevas perspectivas de la zona, y nos disponemos a volver.

El camino de vuelta se convierte en un infierno al que no le voy a dedicar mucho rato. La combinación de cansancio con carreteras sin iluminación y lluvias torrenciales durante todo el camino, nos hicieron sufrir mucho más de lo deseado.

23 horas después de haber salido del hotel volvemos a la cama.
23/07/2013 18:10 Carlos Enlace permanente. Estados de ánimo No hay comentarios. Comentar.

Newyorkeando...

Amanecemos tras 5 horas de descanso. El no dormir mucho, las eternas caminatas y el mal comer comienzan a hacer mella, pero no desistimos y seguimos el ritmo imparable: el tiempo apremia.

El momento NYC del día lo vivimos en el metro. Entran 5 tíos de edad avanzada que en España tildaríamos de indigentes. Uno comienza a hacer un speech explicando que van a cantar y bla bla bla... Nos disponemos a ignorarles mirando el mapa cuando de repente sus voces nos obligan a contemplarles. Son cinco artistas no reconocidos que en sólo 2 segundos se ganan a la audiencia, no sólo cantan sino que crean un espectáculo de fuerza y ritmo. En esta ciudad cada esquina puede sorprenderte.

Nuestra primera visita del día es Chinatown. Una vez más mi experiencia con la comunidad china es desagradable. Un barrio sucio, masificado, pestilente... Con chinos que te pisan y ni se disculpan, otros ofreciéndote bolsos falsos llevándote a un rincón y con mafiosas llamadas telefónicas de por medio, fruterías insalubres, patos asados colgados al sol... Definitivamente no me siento nada a gusto con la comunidad china. Dudo que volvamos a cruzar nuestros caminos.

Salimos huyendo y buscando Little Italy. Tras una tremenda caminata bajo el sol llegamos a otro mundo. Un barrio gastronómico y familiar, con un ambiente agradable. Comemos en La Risotteria, un restaurante que sale en el Top 1 de las listas de restaurantes gluten free de NYC. Tienen una amplia gama de comida sin gluten, con unos risottos y un pan casero deliciosos.

Con la barriga inflada nos desplazamos al memorial 11/09, la zona cero en la que se encontraban las míticas Twin Towers (las torres gemelas). Es quizás el acontecimiento histórico que más he vivido, del que más he leído, el que más me llama la atención. Estar ahí sabiendo lo que aconteció es estremecedor: ver las cataratas que emulan las torres invertidas, leer los nombres de los casi 3000 fallecidos, ver el árbol que resistió en la barbarie... Pero sobretodo observar la Freedom Tower y sentir lo que pudo suceder ahí ese día. Incluso conservan unas bigas de las extintas torres. Ha sido una bonita experiencia, pero de las más tristes que se pueden vivir.

Nos vamos directamente a la 5a avenida, la mítica zona comercial de NYC. Nos pateamos más de 40 bloques. Desde Unión Square (menos entrañable que la de San Francisco), hasta Central Park. La tienda Hollyster, la NBA, Abercrombie, Bulgary, Diesel... Todo el mundo quiere estar presente en la Quinta Avenida, y cuanto más lujoso sea el formato mejor.

Llegados a Central Park decidimos, a pesar del cansancio, explorar el parque con bicicleta, así que alquilamos un tándem y nos fusionamos con los miles de deportistas que allí se encuentran. Runners, gente patinando, ciclistas, campos de beisbol: Central Park es La Meca del deporte. Cada rincón del parque es diferente al anterior, y se convierte en un lugar idílico de descanso. Hay grandes estanques, caminos sinuosos, grandes extensiones de césped: es el sitio de NYC en el que no te importaría perderte si vivieses en La City.

Devuelta la bici nos disponemos a vivir nuestra primera experiencia Whole foods. Éstos son unos supermercados orgánicos y sostenibles. Es caro sí, pero es un lujo para el sentido del gusto y de la vista, ya que cuidan mucho los detalles. Tienen una zona gastronómica tipo buffet en la que hay mucha comida sin gluten. Allí coges lo que quieres, lo pesas y te lo comes dentro del mismo super, en unas mesas habilitadas para la ocasión.

Sin más nos vamos a dormir que mañana nos espera Boston!
24/07/2013 13:21 Carlos Enlace permanente. Estados de ánimo No hay comentarios. Comentar.

Bostoneando...

Amanece pronto una vez más y nos disponemos a partir hacia Boston. Vamos a por nuestro Moustang pero el gerente de Avis, un tal De La Rosa (qué cosas tiene la vida) insiste en que debemos llevarnos el Camaro descapotable. El tío se monta su propia peli comparando los dos coches: abre la capota, los hace rugir pisando el acelerador... Y sentencia con chulería: "No es lo mismo, créanme". Tras negociar el precio la idea nos seduce y descapotados emprendemos nuestro viaje por las calles neoyorkinas.

El camino se hace ameno, pero llegar a Boston en coche no es una buena idea. Pasa por ser el peor sitio en el que he estado nunca a la hora de aparcar un coche. Casi todo reservado para residentes, zonas de pago con límite máximo de 2 horas o parkings con una tarifa de, atención: 9$ por cada media hora! Si te da por estar 5 horas la broma te sale por 90$. Todo un robo.

Finalmente lo dejamos en una zona de límite temporal de 2 horas, y asumimos que tendremos que ir yendo y viniendo a actualizar el pago al cumplir el tiempo, a pesar del contratiempo nos organizamos bastante bien.

Nos bajamos del coche cansados y astiados, queremos encontrar wifi para buscar un restaurante gluten free y no hay manera. De repente Rebeca ve por casualidad el B-Good, una especie de Mcdonald's casero que cría sus propias verduras en el propio techo del restaurante. La verdad es que está todo buenísimo. Ahora sí, ya estamos preparados para patearnos Boston.

Boston es una ciudad de contrastes, preciosa. Tiene su parte pesquera, una parte más autóctona y de legado de los inmigrantes británicos, combina enormes rascacielos con edificios históricos, grandes parques... Se respira una alta calidad de vida, es una gran ciudad que no ha perdido la esencia de pueblo.

Nos acercamos al puerto pesquero, visitamos el Downtown, hacemos parada en la incomparable plaza de los mercados donde los olores, colores y sabores se realzan...

Seguimos por el parque Columbus y llegamos al monumento que rememora el holocausto nazi. Mención a parte merece este lugar. Una roca resume cronológicamente cómo se gesta y desarrolla la 2a guerra mundial y cómo transcurre la barbarie nazi contra los judíos. Justo cuando tu corazón está en un puño, sigues un sendero que atraviesa los campos de concentración nazis con simuladas cámaras de gas de cristal. En el mismo cristal hay escritas frases de familiares o supervivientes del genocidio. Un monumento ligero y fresco visualmente, pero con una carga emocional importantísima.

Seguimos el camino hacia el mítico Boston Garden, el pabellón de los clásicos y afamados Celtics. Está cerrado pero nos permite unas buenas instantáneas.

Regresamos por el City Hall y justo delante hay un concierto al aire libre. Antes de que el grupo comience a tocar hay música de fondo, mientras dos anónimos bailan delante del escenario haciendo las delicias del respetable. Son ritmo puro de raza negra y callejera, de eso no tenemos en Europa.

Seguimos de camino al mítico bar de la serie televisiva Cheers, que nos regala un entrañable viaje al pasado.

En frente está el Church Park, que es a Boston lo que Central Park a NYC o el Golden Gate Park a San Francisco. Es una zona verde de reunión, un lugar social. Campo de beisbol, pistas de tennis, gente haciendo running, encuentros de mascotas... Y a destacar la representación de una obra de teatro, y bajo el escenario todo el mundo con sus sillas, mantas y picnics para disfrutar del momento.

Volvemos por Chinatown pero sigue sin convencerme. Todo sucio y demasiado diferente a lo que yo estoy acostumbrado.

Damos vueltas por varias calles más y cualquier punto de Boston es un entrañable lugar, creativo, elegante y en el que no te importaría vivir.

Cuando las piernas dicen basta, emprendemos el camino de vuelta a casa, otras 4 horas.

Dejamos el Camaro y anulamos el coche para Washington. El cuerpo nos pide disfrutar de NYC a otro ritmo...
26/07/2013 02:23 Carlos Enlace permanente. Estados de ánimo No hay comentarios. Comentar.

Outleteando...

Esta jornada la hemos considerado un paréntesis light, de shopping. Ha sido un día para detener el ritmo loco de esta imponente ciudad. Hemos hecho la típica excursión a los Woodbury Common Outlets (a una hora de Nueva York) con el frío como protagonista por primera vez. Gap, Guess, Tommy Hilfigher, Ralph Lauren, Levis, US Polo, Aeropostale, Adidas, Nike, D&G... La lista es interminable. La gente iba con maletas para llenar de ropa, y los que no llevaban se la compraban en el lugar, alucinante.

Al llegar nuevamente a NYC el bus aparca en la estación de Port Autorithy, un centro neurálgico dentro de la ciudad de Nueva York. En la estación hay una reproducción de las Torres Gemelas a tamaño "de persona", un bonito homenaje a las víctimas.

De camino al hotel nos vamos dando cuenta de lo hechos que estamos a NYC: a su ruido, sus colores, sus edificios, sus neones incombustibles... Es una ciudad que te cautiva por su fuerza, más que por su belleza. La echaremos de menos, así que hay que aprovechar los dos días que nos quedan.
26/07/2013 16:38 Carlos Enlace permanente. Estados de ánimo No hay comentarios. Comentar.

Des-Neoyorkizando...

Los dos últimos días han sido hechos de retales. Retales que nos quedaban por ver de una ciudad que no ha dejado de sorprendernos hasta el último día.

Visitamos por la mañana el inacabable Metropolitan, un megalítico museo que haría las delicias de cualquier amante del arte. No obstante nuestros conocimientos no alcanzaban para disfrutarlo, no reconocimos prácticamente ninguna obra pictórica o escultórica (como si haríamos en el Louvre, Vaticano o El Prado). No obstante impresionantes sí que eran las colecciones egipcias y grecoromanas.

Tras comer nuevamente en la deliciosa Risotteria, por la tarde estuvimos ante el magnífico estadio de los Yankees en día de partido, había un ambientazo impresionante. Anduvimos un buen rato sin fortuna tratando de encontrar el mítico Rucker Park, el cual pudimos ver sólo desde el tren. No obstante tuvimos la suerte de andar y conocer el archiconocido barrio del Bronx. Esencia pura americana, aunque excesívamente pobre. Hay zonas que son un verdadero suburbio.

Al volver hicimos una parada en la juguetería FAO, mítica por la película de Tom Hanks "BIG". A destacar el piano en el suelo que es ya todo un atractivo turístico para la ciudad de Nueva York.

Al llegar a Times Square hacemos la cola para aparecer en las animaciones que se dan en la pantalla gigante. Tras media hora de espera nos posicionamos primeros, pero cuando estamos delante de la pantalla, un "pringao" nos desplaza a la derecha con lo que nos deja fuera de la zona de cámara. A waste of time.

Tras un breve descanso en el hotel cenamo en la cadena Applebee, que tienen comida sin gluten. Aquí te traen el tip ya añadido en la cuenta, además de las tasas. Y cuando vas a pagar te dan la opción de dar un segundo tip. De locos...!

Ayer amanecimos ya casi sin fuerzas de tanto trote, aún y así nuestro ritmo no descendió en ningún momento. Caminamos desde Times Square hasta el Madison Square Garden. Unas 15 manzanas para llegar a un sitio que estaba totalmente cerrado y rodeado de andamios. Lo mismo nos sucedió con el Battery Park, catedral de San Patricio, un trozo de Times Square, media avenida de Broadway, autopistas e incluso en el Niágara. Media USA en obras: una pena!

Seguimos caminando por el barrio de Chelsea, un barrio gay pero con ninguna particularidad. Tras una larga caminata llegamos a Little Italy nuevamente, un barrio con encanto que nos seduce una y otra vez. Comemos en un mexicano que no es nada del otro mundo.

Nos vamos diréctamente al museo de História Natural, el de la peli de Noche en el museo. Intuía que sería mucho más de mi agrado que el Met, y así resultó. Animales y culturas representadas a tamaño real, esqueletos, meteoritos, la historia de las especies... Un enorme museo con la vida puesta en escena. Muy recomendable.

Tras el museo pateamos nuevamente Central Park, el cual conocemos ya como nuestra casa a pesar de su tamaño. Damos de comer a las ardillas y los patos, y pasamos un rato entretenidos mientras esperamos a Laia, Ramón y Mariona.

Tras dar un paseo con ellos vamos a cenar a su casa. Un piso precioso a lo "neoyorquino" con vistas espectaculares a la gran ciudad. Jugamos con la tremenda Mariona y brindamos con cava. Han sido unos anfitriones geniales que nos han hecho sentir como en casa. Menudo "Arguiñano" el Ramón.

Volvemos al hotel a descansar y nos disponemos a pasar las últimas horas en una ciudad impresionante.

Es una ciudad ruidosa, y en muchas zonas sucia y poco bella... Pero todo eso se diluye ante su magnificencia. Es espectacular, auténtica, su gandiosidad satura tu mente... Te regala imágenes que nunca podrás volver a ver (puente de Brooklyn, Skyline, Times Square, Central Park, 5a avenida...), pero sobretodo cómo viven la vida, lo auténticos que son y el sentido del espectáculo que tienen. Le ponen pasión a cada minucia.

God bless America! Volveremos a vernos...
28/07/2013 17:39 Carlos Enlace permanente. Estados de ánimo No hay comentarios. Comentar.


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