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Corriendo en pareja...

Han pasado ya dos meses, y a pesar del tiempo sigues ahí adentro, doliendo, con una cicatriz abierta de par en par en los cimientos de mi andar. Y nunca cicatrizará, lo supe en su día y lo sé hoy con más fuerza.

Duele sí, pero es un dolor placentero. Sabiendo que nada ni nadie nos podrá devolver tu aliento y tu mirada, me gusta sentir ese dolor porque eso significa que sigues en mí. Y sé que será asi siempre durante todos los días de mi vida, al irme a dormir vendrás conmigo y mi primer pensamiento también será para ti y para tu hermana.

Éstas debían ser nuestras primeras vacaciones juntos, contigo, con Aitana. Duele sentir que son las primeras vacaciones sin ti. Y cuesta caminar notando que tu espacio sigue ahí, sin ocupar, tal y como quedará siempre. No me quejo, la vida nos ha regalado a Aitana, que es y será siempre tu reflejo y nos hace tremendamente felices. Pero en mi corazón y en el de tu madre teníamos sitio para las dos, y ese vacío siempre seguirá ahí.

Hoy he salido a correr a primera hora. Me he sentido feliz. Podría ser por tener el mar a mi derecha y verdes prados y montañas a mi izquierda, podría ser por una vieja canción que sonaba y que me trajo reminiscencias del pasado (cuando los problemas no eran problemas), podría ser la brisa marina o el observar a los pescadores faenar a primera hora de la mañana... Todo eso ayuda, sin duda. Pero lo que realmente me ha hecho sentir plenamente feliz ha sido el sentir que cada vez que veo algo bello y pienso en ti, tú lo ves conmigo. Cada vez que exploro un nuevo lugar y me acuerdo de ti, tú lo descubres conmigo. Saber que si te llevo conmigo, de alguna manera tú también lo vives. Y eso me da fuerzas. Fuerzas para seguir, fuerzas para observar las cosas con más detalle, fuerzas para correr más rápido y más lejos para mostrarte más mundos que nunca llegarás a conocer. Te cojo la mano y corro, corro con fuerza y felicidad. Bordeamos el mar, la brisa golpea nuestros rostros, saltamos baches, subimos por las laderas... Reímos, reímos y reímos sin parar.

Y de repente una lágrima. Llego a casa y tú vuelves a tu sitio, dentro de mí. Algunos pensarán que estoy loco, otros que simplemente necesito ayuda. Es posible que tengan razón. Yo simplemente creo que lucho porque no pierdas tu sitio en mi vida y en mi corazón, porque no sería justo, porque tú te mereces que yo luche por no desterrarte de cada momento que viva, a pesar del dolor. Sabor agridulce para siempre. Es nuestro sino.

Gracias por este momento Alexia. Espero que te haya gustado el paseo. Yo he vuelto a ser feliz.

Te quiero mi princesa.

03/08/2014 10:45 Carlos Enlace permanente. Estados de ánimo No hay comentarios. Comentar.


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